Zapatero los usó durante la campaña electoral para desplazarse a pueblos de Andalucía a dar mítines políticos. Como él, muchos alcaldes, socialistas, populares o del partido que sean, no sólo utilizan los coches oficiales para actos partidarios (alegando, como lo hizo Zapatero, que los coches les proporcionan seguridad), sino también que algunos lo hacen escoltados por los policías municipales que de él dependen. Es más o menos como si el intendente Isa se hiciera transportar a un acto de Yarade en una grúa de tránsito conducida por el propio Bafle Montaldi.
Aunque sea por este detalle tan desagradable, no se puede negar que Urtubey se ha puesto a la altura de los líderes europeos en cuanto a lo que algunos llaman la "ética de las aeronaves del Estado". Urtubey también las utiliza como si fueran extensiones de su propio cuerpo, y hace del hecho de volar en ellas un acto virtualmente fisiológico.
Pero hay pequeñas diferencias y matices. Como aquí nadie da puntada sin hilo, los hombres que mandan sobre las máquinas no sólo las utilizan ellos, para las funciones previstas en las leyes y también para su propio beneficio, sino también para beneficiar a los amigos y a los correligionarios. Berlusconi por lo menos prestaba los aviones italianos con fines lúdicos, por no hablar de juerga y de desenfreno. Urtubey, que ya tuvo algún pequeño dolor de cabeza al ceder el avión provincial para que unos radicales amigos suyos pudieran acudir al entierro de Alfonsín, al parecer, los presta ahora para la campaña del Partido Justicialista de Salta.
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